top of page

Los Muros del Mapa Teatro

Textos y fotografía por Federico Bottia

DSCF0055.jpg

Durante los días repetidos y luminosos de mi vida universitaria, pasaba —casi sin saberlo— frente a una casa en la esquina de la carrera séptima con la calle 23. Era enorme, detenida en el tiempo, con esa vejez digna que no envejece del todo, sino que se transforma en belleza. Había en sus muros algo que susurraba: un eco de la Bogotá esplendorosa, aquella donde las casas respiraban hacia adentro, donde los patios guardaban secretos y las escaleras largas descendían como ríos hacia salones abiertos, donde alguna vez alguien bailó, vestido de gala, bajo la luz tibia de otra época.
Esa casa —que durante tanto tiempo fue apenas un misterio en mi tránsito cotidiano— terminaría revelándose, como lo hacen las cosas que están destinadas a encontrarnos. Y entonces, al cruzar su umbral, entendí que no era solo arquitectura lo que habitaba allí, sino un tesoro vivo, palpitante: un espacio donde el tiempo se disuelve y la creación no descansa.
Allí, en ese interior cargado de memoria y de invención, descubrí el hogar de Mapa Teatro: un laboratorio de las artes donde el mito se encarna y la realidad se vuelve relato, donde las historias no se cuentan, se respiran.
Y fue en ese lugar —en esa casa que alguna vez observé desde la distancia— donde conocí a quienes sostienen con su imaginación los cimientos invisibles de ese universo. Seres que reinventaron sus muros, que les devolvieron la fuerza necesaria para seguir albergando sueños, para que esa esquina continúe, por muchos años más, siendo un territorio donde lo imposible encuentra su forma.

Mapa Teatro no es solo un lugar: es una deriva, un pulso que se expande más allá de sus propios límites. Un laboratorio donde los artistas no solo crean, sino que se

desdibujan a sí mismos para habitar otros lenguajes, otras formas de decir lo indecible. Nacido en el eco distante de París en 1984, y arraigado desde 1986 en el corazón de Bogotá, este espacio fue concebido por Heidi, Elizabeth y Rolf Abderhalden como quien traza una constelación: uniendo puntos invisibles para que aparezca una figura que antes no existía.
Desde entonces, Mapa Teatro ha dibujado su propia cartografía en las artes vivas, una geografía inestable, en permanente movimiento, donde las fronteras no se cruzan: se deshacen. Allí, lo geográfico se vuelve memoria, lo lingüístico se convierte en materia maleable, y lo artístico se expande hasta tocar territorios que no tienen nombre.
Es un espacio donde las preguntas no buscan respuestas, sino resonancias. Donde cada obra es un montaje del pensamiento, una arquitectura efímera donde lo local dialoga con lo remoto, donde lo íntimo se expone y lo público se vuelve susurro.
Mapa Teatro es también un lugar de migraciones: migran los mitos, se desplazan las historias, se filtra la actualidad como una herida abierta. Conviven, en tensión y en armonía, la vida privada y el rumor colectivo. Y en ese tránsito constante, los lenguajes se entrelazan: teatro que se vuelve imagen, ópera que respira como instalación, cabaret que murmura en la radio, intervenciones que irrumpen en la ciudad como preguntas vivas.
Todo allí parece estar en tránsito, como si nada pudiera fijarse del todo. Y sin embargo, en medio de ese movimiento, hay una certeza: que el arte, cuando se piensa como territorio libre, tiene la capacidad de reinventar no solo los espacios, sino también la manera en que habitamos el mundo.


 

Heidi Abderhalden

DSCF0234.jpg

Rolf Abderhalden,

DSCF0550.jpg
DSCF0136.jpg
DSCF0082-Editar.jpg
DSCF0552.jpg
bottom of page